La fidelidad de las máquinas


Sé que existe la fidelidad en el mundo animal, muchos cuentan historias de perros que les son fieles a sus amos hasta el día de su muerte.  Esta virtud también existe entre humanos, aunque cada día es más raro escuchar testimonios relevantes sobre su uso, lo cual convierte al mundo en un lugar frío y vulnerable. Ahora bien estoy casi seguro que muy pocos han escuchado acerca de la fidelidad de las máquinas, aunque en realidad es algo con lo que convivimos a diario millones de seres humanos no tienen ni idea de que se trata.

Hace muchos años tuve la suerte de ser el propietario de una camioneta Subaru GL 1982.  Con su motor de 1800cc y tracción delantera, esta hermosa “máquina blanca” me fue fiel hasta que tuvimos que separarnos en el ocaso del siglo pasado.  Mi familia y yo tenemos muchas anécdotas sobre ella, recuerdos siempre buenos de su lealtad y eficiencia.  Alguna vez pensé que quizás por alguna agradable confusión allá en Japón le había colocado un motor de Hummer, asientos de Mercedes Benz y la potencia de un Rover inglés; pero cada vez que leía en las partes el lugar de origen me decía: —“Suertudo que soy”.

Aprendí lo que se de mecánica tratando de cambiarle las partes que ya era necesario o las que por temor me decía: —Es hora de que las cambies o tendrás que lamentarlo en la carretera.  Algunas veces se quedo en la calle, pero hasta en eso fue fiel porque no me dejo a media noche o en algún lugar peligroso.  No fue por problemas propios de la máquina, sino debido a mis descuidos. A pesar de contar solo con tracción delantera, aquella máquina me sacaba de los peores lodazales y subía las pendientes más inclinadas con toda la familia a bordo.  Ah!  “Subarita” así le decíamos con cariño, cuanto te extraño.

La tuve que dejar cuando me mude a otra ciudad, había acumulado algunas deudas y por primera vez en mucho tiempo aquella camioneta había fallado, creo que deliberadamente.  Por más que me esforcé y que la vieron varios mecánicos para componerla,  no se pudo poner en funcionamiento, así que tuve que venderla aprovechando el traslado.  El día que la vendí tenía más de 335,000 kilómetros recorridos, casi trece veces la distancia entre Alaska y la Patagonia.

Tiempo después me llamó la persona que  me la compro y me contó que la llevó con su mecánico, solo tenía un cable suelto y le cobraron únicamente el equivalente a 8 dólares por repararla.  Ahora para mí está más claro, la Subarita se sacrificó para ayudarme a pagar mis deudas.  Bueno este último punto no tengo como comprobarlo.

Hace poco tiempo, un conocido me contó que acababa de ver mi camioneta, como decimos acá “echando punta”, es decir chambeando, trabajando o laburando.  Eso me dio un motivo más para agradecer a Dios por la fidelidad de las máquinas y escribir estas líneas en su honor.

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4 comentarios en “La fidelidad de las máquinas

  1. Lastima que la vendiste, uno se encariña con los vehiculos, yo tambien lamentablemente vendi el Land Rover de dos puertas que teniamos y despues consegui una de cuatro puertas la famosa jardinera y tambien por baboso la vendi, hay ocasiones en que uno no piensa bien las cosas, tambien tuvimos un escarabajo del año 68 y me lamento de haberlo vendido, con esos carros debi haberme quedado eran buenisimos, en el 2000 compramos un Dodge Dart del 67 que estaba tirado bajo un arbol ya llevaba 11 años de estar alli con el motor descompuesto y otras cosas mas, me lo lleve jalado para la casa y sin darnos cuenta hasta 8 años despues lo echamos a andar, hace unas pocas semanas le hice el traspaso a mi nombre, este carro es el que mas tiempo hemos tenido quizas porque se paso tanto tiempo sin caminar, espero no venderlo es muy sencillo y tambien muy confiable, estoy en proceso de pintarlo apenas le he aplicado fondo al capo pero de repente un dia de estos ya esta pintado para mientras lo usamos asi despintado y con la tapiceria mala pero a todos nos gusta no lo cambiaría por uno mas nuevo eso es seguro.

    1. Ni loco lo vendas. Vos que sabés de mecánica tenés que mantenerlo. Esas máquinas son fieles y no fallan como lo nuevo. Los autos nuevos son lindos y comodos pero no hacen ni la mitad de la tareas de los de antes. Lo único sería regular el consumo de gasolina, especialmente en ese Dart que tenés porque me imagino que si chupa gasolina.
      El escarabajo 68 fue un grave error venderlo. Bien arreglado ni te cuento. Por último me acuerdo de tu Land Rover, echaba humo al arrancar que parecía erupción pero a cambio de ello puro musculo. A mi me gustaría saber más de mecánica para tener más de estas naves que la gente desprecia sin saber lo que pueden aún rendir.
      Gracias por compartir. Y que tal de motos?

  2. David Arredondo dijo:

    Esos son los vehiculos que independientemente de como se ven por fuera uno no quisiera perderlos. Me paso lo mismo con un “Trueno 78” mi primer carro..un clasico de la Toyota. Me lo robaron y cada vez que veo uno en la calle, que por cierto hay muy pocos…digo “alli va mi trueno”

    1. Como olvidar el Toyota Trueno? Con sus dos carburadores que solo ganas eran y su flamante color rojo? Definitivamente una joya. Una lástima también lo del robo, me acuerdo que fue días antes de tu boda.
      En definitiva alguno de esos Truenos que mirás de vez en cuando era el tuyo…o mejor dicho “es el tuyo”.
      Gracias por tu comentario.
      Saludos.

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