Soy un lector a pausas.  Es decir que por cuestiones de trabajo y otras hierbas no puedo tomar un libro y leerlo de pasta a pasta como muchos dicen que hacen.  Lo disfruto por etapas, si puedo y si realmente me motiva su contenido.

Diferente me paso  con “La Isla de las voces” de Robert Louis Stevenson.   La trama me capturó desde el inicio y debo confesar que me deje atrapar por la historia, quizás porque es un cuento inspirado en las islas y en el mar; ambas cosas no muy comunes pero si llamativas para un citadino amarrado a un escritorio entre las cuatro paredes de una oficina que da hacia dos de las más transitadas vías de la ciudad.

De joven leí alguna vez a Stevenson, pero este redescubrimiento me ha motivado para seguir leyendo su obra.  ”Bárbaro el tipo” como decimos acá a los que hacen las cosas bien hechas. ¿Haber que viene luego?

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