Alguna vez los que nos creíamos 100% rockeros tuvimos la debilidad casi herética de escuchar la música de tres cantantes australianos que con sus refinadas y particulares voces conquistaron el mundo hace ya muchas lunas.

En aquel tiempo los hermanos Gibb, mejor conocidos como los Bee Gees, irrumpieron en el mundo con su estilo tan particular y una aplastante cantidad de éxitos que se convirtieron en número uno donde quiera que hubiera un ser humano escuchando música.

El mundo hoy recibió la noticia de la partida de Robin Gibb, el cáncer acabo con su vida.

La Pluma honra la memoria de un grande.

Diseñada por “alguien” del equipo de High Design NY (no aparece en ninguna parte el nombre del diseñador) utilizando como elemento principal la fotografía de Ralph del Pozo, el arte para el libro The house of sleep de Jonathan Coe es nuestra portada de la semana.  Disfrútenla.

Javier Olivares realiza un trabajo de maravilla al ilustrar el libro “El perro de los Baskerville” de Editorial Nordica Libros.  Si desean conocer más de este talentoso ilustrador pueden visitar su blog aquí.

La portada para esta semana es de un libro de gastronomía,  “The Gastronomy of Marriage (A memoir of food and love)” por Michelle Masto.  Hice un gran esfuerzo para averiguar el nombre del diseñador gráfico de la portada pero no lo conseguí, me hubiera gustado hacerle justicia a esta simple y a la vez fantastica  idea.  Acá el enlace para la página oficial de la autora del libro.

Don Cheyo y Don Paco son dos empresarios ficticios, ideales para ilustrarles la próxima historia.  Ambos compiten en el negocio de las gasolineras, un comercio altamente rentable.

Don Cheyo se levanta muy temprano lleno de energía.  Abre su negocio a las cuatro de la mañana. Don Paco nunca se levanta temprano, a encargado a un hombre de confianza la tarea de abrir la gasolinera y a otro el de llevar las cuentas.  Algunos días empiezan a atender a las siete de la mañana a pesar de en la entrada hay un rótulo luminoso que reza: Abierto las 24 horas.

Don Cheyo atiende personalmente a sus clientes, se preocupa de los detalles: limpiar el parabrisas, calibrar el aire de las llantas y chequear el nivel de aceite.  Ese servicio extra lo hace a la velocidad de un rayo y no lo cobra.  Nadie tarda más de cinco minutos para ser atendido y  despachado.  Todos los días de lunes a domingo a las 5 de la tarde, toma todo el cambio/sencillo disponible para tenerlo listo a primera hora del día siguiente, y si no hay suficiente envía alguien al banco para que traiga más.  No es posible que un cliente llegue temprano y no pueda recibir combustible porque no lleva suficiente sencillo.

Don Paco ha seguido el patrón de la mayoría de expendedores.  Ha colocado 5 bombas de auto servicio para los clientes y solo una para el servicio completo.  En esta última los clientes tardan un promedio de diez minutos, demasiado tiempo para que los ajetreados pilotos la utilicen.  Si llega un cliente temprano por la mañana jamás encontrará sencillo o cambio.  El cliente tendrá  entonces cuatro opciones: a) Pedir que le sirvan en combustible la cantidad de su billete, b) Entrar a comprar algún chicle o caramelo a la tienda de “conveniencia”, que Don Paco ha colocado estratégicamente a la par de las bombas, y así tener sencillo para pagar, c) pagar con tarjeta de crédito   y d) tendrá que irse a otra gasolinera.  Don Paco se ha dado que la gran mayoría opta por echar en combustible la totalidad del billete.  La gente no cuenta con suficiente tiempo para bajarse a comprar algo inútil, o ya no llegará a tiempo a su trabajo.

Ambos son empresarios prósperos.  Don Paco ha recibido en tres ocasiones la medalla a mejor comerciante de la ciudad en manos del Alcalde, aparece muy seguido en revistas y suplementos sociales de los periódicos; esta por abrir otra sucursal, aunque en su gasolinera nadie lo ve desde hace ya seis meses.  Don Cheyo, es amigo de sus clientes, ayer que pase temprano por combustible, me recibió con un sincero apretón de manos; yo se lo devolví contento.  Me invitó a una taza de café y a cruzar algunas palabras. Estar en su estación es como estar en casa, no me cambio.

¡Alto! La música en inglés de los sesentas no la hacían solo The Beatles, The Stones o Pink Floyd.  Basta yá de tanta desinformación.  Acá, les dejo con Idle Race una banda de Birmingham, Inglaterra liderada por Jeff Lynne;  para que se tomen una idea de lo que otros hacía en los sesentas.

Bandas como The Hollies, The Move, Idle Race, Procol Harum, The Animals, Orbison, The Doors, Small faces, The Who, Bob Dylan  y Beach Boys entre otros tienen mucho merito de lo que se logró en aquella época.

En 1979, cuando  la banda bostoniana de new wave” The Cars” lanzó su álbum titulado Candy-o, los jóvenes del mundo se debatían entre imitar el célebre baile de Travolta, tal como lo hacía en Saturday Night Fever  sobre aquella inolvidable pista de luces;  vivir una vida común y corriente, o integrarse a las filas del reducido ejercito de rockeros, quienes fueron relegados en aquel tiempo a una sub-clase social de señalados e incomprendidos seres infrahumanos.  Rusia era la temida URSS y  Michael Jackson era moreno.  Argentina celebraba su Mundial a colores, y nuestra selección por enésima vez se quedaba en casa viendo los partidos en blanco y negro.  Por cinco quetzales comprabas un pantalón de lona importado, por cincuenta len entrabas a una triple función en cualquier cine, y por solo diez te quitabas la sed con una mini grapette.  Caminabas por las calles de la segura Guatemala saludando a conocidos y extraños con una sonrisa en el rostro.

El 99% de los paisanos escuchaba disco, baladas pop o cualquier mezcla de ritmos latinos de moda.  Un 0.99% pertenecía al grupo de rockeros renegados, cuya mayoría se debatía entre sí Led Zepellin era mejor banda que Pink Floyd, o que si Page tocaba mejor que May.   Les encantaba la música de Queen, y no se incomodaban aún por la extraña manera que tenía Mercury de agarrar el micro.   Nadie en estas tierras podría llamarse un rockero, si no había asistido al menos una vez a un concierto de Caballo Loco.

El mítico extraño de cabello largo que se mantenía en las gradas de Indianápolis 500 al inicio de los 70′s, fue el primer ser humano que hacía beat box, me consta.  De su garganta salían infinidad de sonidos imitando los ritmos metaleros. Fiel a su morral y a su mítico “Sapo”, continuó sobre esas gradas hasta que el tiempo borró su vos de los anales de la historia.  Frankfurt, el de la sexta, era todavía una leyenda urbana, se servían mixtas y panes sobre papel kraft en platos abollados de aluminio, compartías la mesa con el albañil, el abogado, el frustrado o el exitoso negociante.  José Azzari, quien les había echado penca a todos, estaba por partir hacia su última lucha.

En cuanto a Candy-o, el material incluido en el disco era una especie de material futurista destinado a incomodar a los tradicionalistas del metal y espantar a los urbanoides del disco.  Contenía material clasificado de QETEO (Que es toda esta onda?), destinado a ser escuchado por un microscópico público que ansiaba algo nuevo.  Entes escuchas de otras dimensiones, materializados en esta por causas desconocidas.

Como era de suponerse, en la sociedad chapina del siglo pasado, el álbum pasó hiper-archi-ultra-super inadvertido.  Un solo álbum fue despachado hacia Guatemala, y yo fui el feliz comprador.

Quetzal (moneda de Guatemala), len (centavo en guatemala), grapette (soda de uva), Caballo Loco (grupo pionero del metal en Guatemala), Indianapolis 500 (sitio mitico de juegos de  arcade en Guatemala), Sapo (banda chicana de rock), Frankfurt (restaurante), sexta (principal avenida en Ciudad de Guatemala), Mixta (tortilla con guacamol y salchicha), Azzari (Campeón de lucha libre), echar penca (dar paliza/pegar), chapin (guatemalteco).

En 1912 un viaje transatlántico era toda una aventura, un largo periplo a través de un océano inmenso y traicionero.  En febrero de ese año dos jóvenes suizos abordaron el barco Grunenwald de la línea naviera Hamburg-Amerika-Linie  en el puerto de Amberes, Bélgica.  De equipaje llevaban muchas ilusiones y dos aviones desmontados, un Deperdussin Monocoque Racer 1912 y un Bleriot.  Sus nombres  François Durafour  y Paul Wyss, su destino Guatemala.

François Durafour

Contratados por un grupo de empresarios guatemaltecos que los habían conocido en Milán, Durafour y Wyss eran dos de tantos jóvenes europeos que se habían interesado en la incipiente aviación de la época.  Habían escalado en la navegación aérea con meritos propios hasta  llegar a ser nombrados pilotos de pruebas, título que no hacía suficiente justicia para aquellos héroes de los cielos, puesto que al volar lo arriesgaban todo.  Por ejemplo el Deperdussin era un avión liviano que no contaba con paracaídas y radio, únicamente con los controles básicos para volar.

Treinta días más tarde el barco ancló en Puerto Barrios al norte de Guatemala e iniciaron su camino a la capital.  Allí se organizó una especie de festival al que se le dio la publicidad que merecía puesto que nunca antes aquí un avión había surcado los cielos.

La historia de la aviación nacional inicia a mediados del siglo XVIII.  En el año de 1848 José María Flores,  piloto aerostático argentino vino al país para ofrecer lo que sería el primero vuelo en globo sobre la ciudad, algo que él ya había logrado hacer exitosamente en Colombia, Ecuador y otras naciones del cono sur. Miles de personas y su familia estaban presentes aquel día en la plaza de toros, para ser testigos de tal acontecimiento.  El globo despegó de tierra y se alzo al cielo, segundos más tarde se incendió y las llamas lo alcanzaron todo, el aparato cayó precipitadamente a tierra.  Flores falleció aquel trágico día.

Años más tarde Mariano de la Luz Morales, fue el primer guatemalteco en interesarse por el vuelo.  Ideó una máquina voladora a la que plasmó en planos, y escribió un documento llamado “Teoría sobre la Máquina Aerostática”.  Este documento lo envió a Francia para que allá los expertos de la época le dieran su opinión, no se sabe a ciencia cierta lo pasó con los mismos.

En 1911 el joven emprendedor y amante del vuelo, el guatemalteco Alberto De La Riva mandó a construir un planeador a una carpintería.   Según el testimonio de De La Riva con ese aparato pudo planear más de alguna vez, aunque no se le dio la importancia debida ya que el piloto había realizado dichos vuelos sin el permiso de las autoridades. Estas solamente habían autorizado a que realizarán  los vuelos con peso muerto.

En cuanto a los pilotos suizos, la mañana del 24 de marzo multitudes se acercaron al Campo Marte para contemplar y ser testigos de la hazaña.

Fotografía del primer vuelo en Guatemala

El Bleriot de Wyss sufrió al parecer averías de última hora que le imposibilitaron para volar, así fue que únicamente Durafour tomó la pista y emprendió el vuelo. No se puede saber cuántos lo vieron volando pero fue todo un acontecimiento.  Al aterrizar el presidente en persona recibió a Durafour y le dio un premio en metálico de mil dólares, cantidad formidable para la época.

Un par de meses más tarde el suizo volvió a volar en San Salvador, partiendo luego para New York donde se cuenta de un aterrizaje forzoso que tuvo que realizar en plenas calles de la urbe.

En 1921, años después de aquel histórico vuelo y habiendo participado con honres en la Primer Guerra Mundial, Durafour pasó a la historia no solo por sus exitosos vuelos en suelo centroamericano, sino además porque fue el primer piloto a nivel mundial en aterrizar y despegar a mayor altura, haciéndolo sobre la saliente nevada del Mont Blanc llamada Dôme du Goûter a una altitud de 4,331 metros, el 30 de Julio de 1921. Otros logros también lo fueron, ser el primer piloto comercial de Suiza, el primero en trasladar pasajeros, el primero en volar sobre Ginebra.  Durante la primera guerra fue el encargado de un grupo de protección de aeronaves.  Perdieron una sola nave de mil que cuidaron.

En el Mont Blanc

En 1962 regresó a Guatemala para ser condecorado por el Presidente Ydigoras al cumplirse los cincuenta años de aquel histórico vuelo, y a la vez para participar en la inauguración del remodelado Aeropuerto La Aurora.  Durafour murió a los 79 años en su hogar rodeado de medallas y honores.  Una calle en Suiza lleva su nombre.

Durafour recibiendo la Orden del Quetzal en 1962

La Pluma con este post recuerda aquel momento histórico, hoy hace cien años.  Dedicado a todos los valientes que construyeron con esfuerzo y con sus vidas la historia de la aviación guatemalteca.  En especial al Capitán de Aviación Enrique Arredondo, que al igual de Durafour no dejó de volar,  sino se elevo más alto.

Casi cuatro años han pasado desde que este video fue grabado, y desde entonces cada vez que lo veo me emociono. Que agallas las de Robbie Maddison. Uf.

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