
En 1912 un viaje transatlántico era toda una aventura, un largo periplo a través de un océano inmenso y traicionero. En febrero de ese año dos jóvenes suizos abordaron el barco Grunenwald de la línea naviera Hamburg-Amerika-Linie en el puerto de Amberes, Bélgica. De equipaje llevaban muchas ilusiones y dos aviones desmontados, un Deperdussin Monocoque Racer 1912 y un Bleriot. Sus nombres François Durafour y Paul Wyss, su destino Guatemala.

François Durafour
Contratados por un grupo de empresarios guatemaltecos que los habían conocido en Milán, Durafour y Wyss eran dos de tantos jóvenes europeos que se habían interesado en la incipiente aviación de la época. Habían escalado en la navegación aérea con meritos propios hasta llegar a ser nombrados pilotos de pruebas, título que no hacía suficiente justicia para aquellos héroes de los cielos, puesto que al volar lo arriesgaban todo. Por ejemplo el Deperdussin era un avión liviano que no contaba con paracaídas y radio, únicamente con los controles básicos para volar.
Treinta días más tarde el barco ancló en Puerto Barrios al norte de Guatemala e iniciaron su camino a la capital. Allí se organizó una especie de festival al que se le dio la publicidad que merecía puesto que nunca antes aquí un avión había surcado los cielos.
La historia de la aviación nacional inicia a mediados del siglo XVIII. En el año de 1848 José María Flores, piloto aerostático argentino vino al país para ofrecer lo que sería el primero vuelo en globo sobre la ciudad, algo que él ya había logrado hacer exitosamente en Colombia, Ecuador y otras naciones del cono sur. Miles de personas y su familia estaban presentes aquel día en la plaza de toros, para ser testigos de tal acontecimiento. El globo despegó de tierra y se alzo al cielo, segundos más tarde se incendió y las llamas lo alcanzaron todo, el aparato cayó precipitadamente a tierra. Flores falleció aquel trágico día.
Años más tarde Mariano de la Luz Morales, fue el primer guatemalteco en interesarse por el vuelo. Ideó una máquina voladora a la que plasmó en planos, y escribió un documento llamado “Teoría sobre la Máquina Aerostática”. Este documento lo envió a Francia para que allá los expertos de la época le dieran su opinión, no se sabe a ciencia cierta lo pasó con los mismos.
En 1911 el joven emprendedor y amante del vuelo, el guatemalteco Alberto De La Riva mandó a construir un planeador a una carpintería. Según el testimonio de De La Riva con ese aparato pudo planear más de alguna vez, aunque no se le dio la importancia debida ya que el piloto había realizado dichos vuelos sin el permiso de las autoridades. Estas solamente habían autorizado a que realizarán los vuelos con peso muerto.
En cuanto a los pilotos suizos, la mañana del 24 de marzo multitudes se acercaron al Campo Marte para contemplar y ser testigos de la hazaña.

Fotografía del primer vuelo en Guatemala
El Bleriot de Wyss sufrió al parecer averías de última hora que le imposibilitaron para volar, así fue que únicamente Durafour tomó la pista y emprendió el vuelo. No se puede saber cuántos lo vieron volando pero fue todo un acontecimiento. Al aterrizar el presidente en persona recibió a Durafour y le dio un premio en metálico de mil dólares, cantidad formidable para la época.
Un par de meses más tarde el suizo volvió a volar en San Salvador, partiendo luego para New York donde se cuenta de un aterrizaje forzoso que tuvo que realizar en plenas calles de la urbe.
En 1921, años después de aquel histórico vuelo y habiendo participado con honres en la Primer Guerra Mundial, Durafour pasó a la historia no solo por sus exitosos vuelos en suelo centroamericano, sino además porque fue el primer piloto a nivel mundial en aterrizar y despegar a mayor altura, haciéndolo sobre la saliente nevada del Mont Blanc llamada Dôme du Goûter a una altitud de 4,331 metros, el 30 de Julio de 1921. Otros logros también lo fueron, ser el primer piloto comercial de Suiza, el primero en trasladar pasajeros, el primero en volar sobre Ginebra. Durante la primera guerra fue el encargado de un grupo de protección de aeronaves. Perdieron una sola nave de mil que cuidaron.

En el Mont Blanc
En 1962 regresó a Guatemala para ser condecorado por el Presidente Ydigoras al cumplirse los cincuenta años de aquel histórico vuelo, y a la vez para participar en la inauguración del remodelado Aeropuerto La Aurora. Durafour murió a los 79 años en su hogar rodeado de medallas y honores. Una calle en Suiza lleva su nombre.

Durafour recibiendo la Orden del Quetzal en 1962
La Pluma con este post recuerda aquel momento histórico, hoy hace cien años. Dedicado a todos los valientes que construyeron con esfuerzo y con sus vidas la historia de la aviación guatemalteca. En especial al Capitán de Aviación Enrique Arredondo, que al igual de Durafour no dejó de volar, sino se elevo más alto.